| Durante años, el sector agroindustrial argentino convivió con una suerte de complejo de inferioridad, aceptando como una verdad revelada que su soja era de peor calidad que la de competidores como Brasil o Paraguay simplemente porque los niveles de proteína bruta eran más bajos. De acuerdo con la especialista, cuando un animal o un humano consume soja, lo que realmente busca es la biodisponibilidad de esos ladrillos, y es allí donde el poroto argentino marca una diferencia competitiva estratégica. En el estudio se focalizaron en los cinco aminoácidos clave para la nutrición: lisina, cisteína, metionina, triptófano y treonina. Lo que Accoroni destaca como la gran sorpresa del diagnóstico es que estos componentes están bastante por encima de lo que la bibliografía internacional informaba para la soja argentina, alcanzando un valor promedio de 15,06 frente al 14,36 que se le atribuía históricamente.
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